La historia de nuestra bodega está íntimamente ligada al Monasterio de Santa María de Oia.

El Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Oia ofrece un grandioso emplazamiento al océano Atlántico, en una ensenada rocosa, entre las villas de A Guardia y Baiona. Este monasterio comenzó a construirse en el año 1136 bajo el reinado de Alfonso VII.

Como ya señaló Avila y la Cueva en el siglo pasado, el nombre de Oia se relaciona con su emplazamiento. En efecto, “por tener su asiento a orillas de la mar, en una grande profundidad mirada, con respecto a las elevadas sierras que tiene por el oriente, le nombraron Oya, derivado de Oyo”.

Según un cronista cisterciense de la Congregación de Castilla, el cenobio de Oia es el único de la Orden que se levanta a orillas del Atlántico. La fachada de su templo y las dependencias monasteriales del costado occidental se sitúan al borde del mar.

Se conservan los restos de un espolón o malecón a pocos metros de la orilla, cuyos muros se abren en la parte central de la cala, y que configuraba un pequeño pasadizo con saliente y entrante para los barcos de pesca, que se podía tapar con una red o empalizada de madera. El recinto portuario, denominado “camboa”, se empleaba como sistema de pesca y también protegía a las embarcaciones y amainaba la fuerza y el batir de las olas contra los muros del monasterio.

Puedes ver una galería de imágenes del monasterio aquí

Desde sus orígenes, el monasterio tuvo vínculos con el valle de O Rosal, donde los monjes adquirieron diferentes propiedades e impulsaron el cultivo de la vid. La bondad del clima del valle hizo que estas fincas se utilizaran como lugar de descanso y retiro de los monjes. Entre estas propiedades se encuentran la granja y priorato de San Antonio y la granja nombrada da Cheira, en el lugar de Couselo que fue adquirida por los monjes en el 1163. Esta granja da Cheira es lo que hoy conocemos como Quinta de Couselo.

Estas heredades pertenecieron a los monjes hasta la desamortización, en el año 1835. El monasterio y sus propiedades pasaron entonces a pública subasta. La venta del edificio del monasterio se llevó a cabo el 15 de abril de 1844.

La granja da Cheira fue subastada poco después y pasó por diferentes manos hasta que el 15 de enero de 1864 fue adquirida por Don Casimiro Dorado y Méndez. Con la adquisición de la granja por Don Casimiro la propiedad va a permanecer en manos de la familia Vicente durante casi 150 años.

En agosto del 2013 los hermanos Suarez Vicente, bisnietos de don Casimiro, venden la propiedad a Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional, un grupo vitivinícola cuya filosofía es desarrollar proyectos singulares en aquellas zonas donde mejor se expresen las variedades autóctonas gallegas.

 

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Vendimia de la familia Vicente en 1925

Esta pequeña y acogedora bodega, de larga tradición familiar, siempre se ha caracterizado por su amor por el vino y su respeto por el entorno.

Actualmente corresponde a Grandes Pagos Gallegos de Viticultura Tradicional continuar el buen hacer histórico de esta bodega, y respetar el legado que nos deja la familia Vicente.

En Quinta de Couselo queremos transmitir que detrás de cada botella hay todo un mundo de tradiciones que hemos ido adaptando a las nuevas tecnologías, consiguiendo la más alta calidad en la elaboración de nuestros vinos, aguardientes y licores.

Quinta Couselo
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